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Dichos para una pandemia (2): más malo que las siete plagas de Egipto, aciago, cuarentena

Desde tiempos ancestrales las culturas primitivas creían que los dioses infligían enfermedades cuando ciertos pueblos merecían un castigo. En los libros más antiguos del Antiguo Testamento un cruel Yahvé no vacila en lanzar sus plagas contra egipcios e israelitas.

Fueron diez las calamidades infligidas a los egipcios para vencer la obstinación del Faraón y obligarlo a permitir que los israelitas salieran de Egipto. Las tres primeras fueron sufridas por ambos pueblos: las aguas se convierten en sangre, la plaga de las ranas, la plaga de los piojos. Las restantes fueron dirigidas en exclusiva al pueblo egipcio: la plaga de las moscas, la peste sobre el ganado, la plaga de las úlceras, la plaga de la lluvia de fuego y granizo, la plaga de las langostas, la plaga de las tinieblas y el ángel exterminador de los primogénitos.

Para casi todas tiene hoy la ciencia una explicación más o menos fundada (1) pero el hecho de que aún se diga de algo o de alguien que «es más malo/peor que las siete plagas de Egipto» para indicar que una cosa o suceso es muy perjudicial o dañino o que es muy mala una persona muestran la vigencia de este dicho derivado del episodio bíblico.

Es más, todavía hablamos de días o de sucesos «aciagos», del latín aegyptiacus = egipcio, posiblemente en recuerdo de las plagas que Dios envió como castigo al pueblo de Egipto para que dejara salir a los judíos. Esta expresión comenzó a utilizarse en la Edad Media para referirse a ciertos días considerados infaustos, como el martes o el viernes, tradición que también tenían los romanos que denominaban así los días en los que había acontecido alguna desgracia. (2) 

Para ellos todos los males venían de Oriente, en particular de Egipto, lo que dio lugar a la expresión dies aegyptiacus —literalmente, 'día egipcio'— para referirse a una jornada especialmente infausta o azarosa. Esta expresión se deformó en latín vulgaraciacus, que se incorporó a nuestra lengua como aciago. (3) Hoy conserva todavía su matiz negativo.

El significado de «aciago», como hemos dicho más arriba, podría tener su origen en las plagas bíblicas de Egipto pero es incierto. Por ello hay que «ponerlo en cuarentena», es decir, ponerlo en duda, esperar un tiempo hasta comprobar su veracidad. (4) Ya sabemos que se llama «cuarentena» al espacio de tiempo, generalmente cuarenta días, durante el que permanecen aislados las personas y los animales que podrían padecer una enfermedad contagiosa

La acuñación del término "cuarentena" proviene de la Edad Media cuando la aparición de brotes epidémicos como la peste hicieron decidir a los médicos aislar a los afectados para evitar que contagiasen al resto de la población.

El hecho de que ese tiempo de aislamiento esté vinculado al número cuarenta no fue debido a motivos médicos sino religiosos. El número cuarenta está muy vinculado a los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento: cuarenta fueron los días que Moisés permaneció en el Monte Sinaí antes de descender con las Tablas de los Diez Mandamientos; cuarenta los años que los hebreos fueron castigados a vagar por el desierto y cuarenta los días con sus noches que Jesucristo pasó de ayuno en el desierto antes de ser tentado por el diablo.

Hay más ejemplos: cuarenta son los días de duración de la Cuaresma, periodo comprendido entre el final del Carnaval y el inicio de la Semana Santa.Y cuarenta días tuvo que esperar la Virgen María tras dar a luz a Jesús para presentarlo a los sacerdotes del Templo de Jerusalén

Así que debido a la alta religiosidad que se profesaba en el pasado, los médicos establecieron que ese era un buen número de cara al tiempo necesario para realizar un aislamiento preventivo.

En la actualidad, aunque seguimos utilizando el término "cuarentena", el periodo de aislamiento varía según la patología. (5) Esperemos por ello que no haya que llegar a los cuarenta días de confinamiento por la pandemia que padecemos pues aún vamos por los diecisiete y ya se nos hacen largos.


Notas:
(1) Lifeder.
(2) Celdrán, P. El Gran Libro de los Insultos.
(4) Buitrago, A. Diccionario de dichos y frases hechas.
Imagen de Markus Distelrath en Pixabay