El baile (de) San Vito

Cuando éramos pequeños éramos muy inquietos e incapaces de estar parados en un lugar. Los mayores solían decirnos, medio en broma medio en serio: «¿es que no puedes quedarte sentado? Me estás poniendo nervioso. Parece que tienes el baile (de) San Vito».

Ellos entendían que, como niños que éramos, al igual que las crías de otros mamíferos, teníamos que ser más inquietos y activos que los adultos, algo que forma parte de nuestra naturaleza, del crecimiento y del aprendizaje.

Sin embargo, su preocupación por nosotros hacía que se preguntasen con cierto desasosiego si no tendríamos en realidad "el baile de San Vito", temida enfermedad caracterizada por los movimientos bruscos e involuntarios.

El baile de San Vito es el nombre vulgar para hacer referencia a las enfermedades de Corea de Sydenham y Corea de Huntington, que se caracterizan por un deterioro del sistema nervioso que produce convulsiones y movimientos espasmódicos y que atacan en especial a niños y adolescentes. En la actualidad solo afecta a un millar de personas en todo el mundo, pero durante la Edad Media estaba bastante más extendida. A aquellos que la padecían se les acusaba de estar poseídos y eran mandados a la hoguera para ser quemados. (1)

Durante la época medieval la gente solía invocar a San Vito, un mártir que murió en el año 303 y al que algunas teorías atribuyen el “milagro” de curar la epilepsia del hijo de Diocleciano, enfermedad cuya sintomatología presenta también espasmos y convulsiones.

Otros autores aseguran que San Vito sufría convulsiones y espasmos debido a las torturas a las que fue sometido durante su martirio: fue torturado en aceite hirviendo cuando solo era un niño. (2)

También se dice que la denominación "baile de San Vito" proviene de las danzas que se realizaban durante la festividad de San Vito en honor del santo.

Es curioso que el nombre clínico Corea -que denomina ambas enfermedades- viene del griego khoreia=baile. Por ello, todas las afecciones que presenten movimientos involuntarios e irregulares de pies y manos están representados bajo este mismo nombre. (3)

San Vito es también el patrón de los bailarines, quizá por las razones de las que hemos hablado, aunque la historia y los síntomas de la enfermedad poco tienen que ver con el carácter festivo de un baile. (4)

Notas:
(1) Blogs 20 minutos.
(2) (4) Mia Revista.
(3) Vix.
Imagen: Peregrinos bailando el baile de San Vito. Música Antigua.



La velocidad y la lentitud (7): ¡que la están peinando!; tranquilidad y buenos alimentos; vísteme despacio, que tengo prisa; pillar el toro

«¡Un momentico, que la están peinando!». Cuántas veces habremos escuchado esta exclamación pidiendo paciencia cuando alguien apremia o mete prisa a otra persona para que finalice un asunto o una tarea. 

El origen de la expresión proviene de la lengua de germanías del siglo XVI  con el que se decía "peinar la baraja" a lo que hoy entendemos por "barajar". Había que barajar los naipes despacio, entremezclándolos como el peine y el pelo, para evitar las trampas y las suspicacias en el juego. El jugador que iba perdiendo trataba de apresurar al que barajaba despacio para tratar de recuperar lo antes posible lo perdido. De ahí surgió el dicho, para pedir paciencia a los jugadores que increpaban al que tenía que repartir las cartas. (1)

Un consejo que solían dar los médicos a muchos de sus pacientes era «tranquilidad y buenos alimentos» con las que les recomendaban que no incurrieran en acciones o en comportamientos que perjudicasen su salud, sino que se lo tomaran con sosiego dejando a un lado la angustia, la preocupación, el nerviosismo o cualquier otra perturbación negativa del estado de ánimo. (2)

Con el tiempo la frase vino a ser una especie de "mantra" para sosegarnos cuando tenemos que enfrentarnos a situaciones tensas o complicadas.

Otro dicho popular, muy cuestionado respecto a su origen es «vísteme despacio, que tengo prisa». Galdós adjudica en sus Episodios Nacionales al Rey Felón la paternidad de esta frase. Según el escritor, Fernando VII la dirigió a su ayuda de cámara cierto día en que éste no acertaba a colocarle bien las ropas

Carlos III o Napoleón Bonaparte son otros candidatos propuestos a su autoría, aunque el verdadero origen de la misma parece estar, según el historiador romano Suetonio en el "apresurate lentamente" que dirigía el emperador Augusto a sus ayudantes. (3)

En cualquier caso, empleamos esta frase para señalar que la excesiva prisa, la precipitación, a veces no ayuda a adelantar una tarea, sino que muchas veces la retrasa y la echa a perder. (4)

Escribiendo, escribiendo se me ha pasado el tiempo volando y tengo más cosas que hacer. En pocas palabras, «me ha pillado el toro». De indudable origen taurino, utilizamos este modismo para indicar que se nos ha terminado el plazo o el tiempo para realizar algo, con las consecuencias negativas que ello comporta. (5)

Y eso nos pasa por dejar para el último momento lo que debemos hacer.


Notas:
(4) Buitrago, A. Diccionario de dichos y frases hechas.
(5) Léxico.
Imagen: La Caja de Pandra.











































Dichos para una pandemia (4): Bulo, bola, ponerse malo

Con esta entrada y las siguientes quisiera contribuir de alguna manera a que el miedo al virus que nos inoculan los creadores y transmisores de bulos en esta grave crísis ocasionada por la pandemia del Covid-19 no cause más daño que el propio virus.

Para comenzar diré que esta bien orquestada campaña de noticias falsas difundidas con la clarísima intención de causar miedo, división, desprestigio y de pescar en río revuelto, me causa una gran indignación

Vamos,  que «me pongo malo», como se dice en Torrellas, en Aragón y en regiones circundantes (1) y que no es precisamente enfermar sino disgustarse o enojarse.

Los bulos y la difusión de noticias falsas son tan antiguos como la Humanidad. Uno de los más famosos que se recuerdan tuvo lugar la noche del 18 al 19 de julio del año 64 durante el incendio de la ciudad de Roma. La arqueología ha demostrado que el incendio fue fortuito pero en aquel momento fue atribuido falsamente a Nerón, que además no se encontraba en la capital sino en Antium, a muchos kilómetros de allí.

Fue pues un bulo achacarle que cantaba un poema sobre la caída de Troya y tañía la lira mientras contemplaba Roma en llamas. Es incluso posible, según algunos historiadores, que los autores del incendio fueran cristianos exaltados lo que habría dado motivos a Nerón para la persecución a la que los sometió. Pero eso, es otra historia. (2)

El vocablo «bulo»  podría provenir para la R.A.E. del caló "bul" que significa, precisamente, porquería. (3) La verdad es que no me causa sorpresa pues cuando hacía la "mili" -allá por el Jurásico Superior- muchos de mis compañeros, gitanos y quinquis ellos, solían llamar así al culo. Una frase muy típica que decían era "le van a dar por el bul de Estambul". Ni qué decir tiene que la maravillosa ciudad turca solo se añadía por razones de rima humorística.

Construir un bulo y ponerlo a circular en estos tiempos en que cualquier cosa que se ve en internet o en las redes sociales se toma por buena, es tan fácil como hacer rodar una bola o una pelota. Cuando la bola encuentra la pendiente adecuada, esto es, los diferentes canales o redes sociales que utilizamos, se va haciendo más y más grande, como la bola de una avalancha de nieve y ya es muy difícil detenerla.

«Bola» es, por ello, una magnífica palabra de las muchas que tiene nuestra riquísima lengua para llamar a una mentira, una falacia o un embuste. Recuerdo que de pequeños jugábamos a un juego que se llamaba «correr la bola» que, aunque más inocente que las actuales cadenas de bulos de las que hemos hablado, consistía también en cierto modo en lo mismo: acercábamos nuestros labios al oído del más cercano para decirle en voz baja algo que otro no quería que se supiera instándole al final a que se lo repitiera al siguiente diciendo «¡que corra la bola!»

Y la bola corría, claro, corría...

Notas:
(1) Marín Royo, L.M. El habla en la Ribera de Navarra.
(2) XLS. 
(3) DLE. RAE.
Imagen de Roland Schwerdhöfer en Pixabay















Dichos para una pandemia (5): dar pábulo, malmeter, sembrar cizaña

La Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) ha calificado de "Infodemia" a la oleada de bulos sobre el Coronavirus Covid-19. En una investigación en la que ha participado la Universidad de Zaragoza se llega a la conclusión de que las "fake-news" -en castizo mentiras, bolas, trolas o embustes- "se propagan igual que los virus pero de forma más rápida y alcanzando a muchas más personas". (1)

Gran parte de la culpa de ese contagio social, similar al biológico, la tenemos en gran medida quienes «damos pábulo» a dichas informaciones falsas contribuyendo a difundirlas a través de las redes sociales que utilizamos.

El vocablo "pábulo" proviene del latín pabulum, como se denominaba al pasto de los animales y de donde derivó a cualquier tipo de alimento o sustento. Su significado actual sería aumentar o dar apoyo a cualquier situación negativa o problemática. En definitiva, poner medios para acrecentar el mal.(2)

Nuestro riquísimo castellano tiene muchas más expresiones similares. Una de ellas se refiere al «malmete», personaje ruin donde los haya, que siempre trata de inducir al mal y sobre todo de enemistar a alguien con otras personas. (3)

Similar a "malmeter" es la conocida expresión «echar/meter/sembrar cizaña» con el significado de predisponer a alguien en contra de otros, ocasionar disensiones y enemistar a quienes eran amigos

El dicho tiene su origen en la Parábola del Trigo y la Cizaña (Mateo, XIII,24-30): «El Reino de los Cielos es semejante al hombre que sembró su campo con buena simiente. Cuando todos dormían, vino cierto enemigo suyo (el demonio) y sembró cizaña entre el trigo y se marchó». 

La cizaña es una planta venenosa que vive de forma parasitaria, arruinando los campos en los que crece y acabando con las cosechas, en especial de trigo y de otros cereales. (4)

Algo así como los creadores y difusores de bulos y de bolas, que solo buscan entrometerse en un asunto para emponzoñarlo y crear disputas.

Notas:
(1) UNIZAR.
(4) Buitrago, A. Diccionario de dichos y frases hechas.
Imagen: Unidiversidad.







Dichos para una pandemia (6): la semilla de la discordia, echar leña al fuego, correveidile, alcahuete, radio macuto

Para completar nuestro catálogo de dichos y frases hechas relacionadas con los bulos y otras falsedades vertidas sobre la pandemia de Coronavirus Covid-19,  de nuevo hemos de referirnos a la parábola bíblica de la cizaña, en la que un hombre siembra esta planta venenosa y parásita en los campos de trigo de otro, para ilustrar la expresión «la semilla de la discordia»

Este es el nombre que recibe el motivo que origina una discusión, una disputa o un enfrentamiento. Algunos autores no descartan que sea un cruce entre La Manzana de la Discordia, causa del enfrentamiento entre varias diosas del Olimpo y de la Guerra de Troya y La Caja de Pandora, de la que escaparon todos los males del mundo

Hay otras interpretaciones literarias pero todas tienen en común que "sembrar la discordia" significa provocar enfados o enfrentamientos entre la gente o, como también decíamos en otra entrada, "malmeter". (1)

Avivar una discordia es sinónimo de otra expresión muy usual, «echar leña al fuego», escuchada con frecuencia durante un conflicto o una discusión. En la vida real cada vez que añadimos leña a un  fuego lo estamos alimentando para que libere más calor, más energía, para que no se extinga. De forma análoga, cada vez que alguien empeora una situación con sus palabras o con sus acciones está aumentando la "llama" de la desavenencia, de la desunión, para que crezca aún más. (2)

Quien "echa leña al fuego" me hace recordar una "profesión" de gran tradición en nuestro país, actualizada por obra y gracia de la campaña de bulos de esta crísis sanitaria que vivimos. Se trata del «correveidile», sustantivo formado por tres verbos que describen muy gráficamente su función, que no es otra que propagar rumores, mentiras, cotilleos y noticias sin fundamento

Auténtico impresentable, su razón de existir es extender el bulo, la acusación, siempre buscando el disgusto en el receptor de su información ya que ésta nunca es grata. (3) En otras palabras, el «alcahuete» de toda la vida, ese entrañable personaje que puedes utilizar cuando quieres que todo el mundo se entere de algo. Díle que no se lo cuente a nadie y en poco tiempo será ampliamente conocido por todos.

Otra expresión antes muy utilizada y ahora rescatada es «Radio Macuto», con la que nos referimos a que alguien pone en circulación o lanza indiscriminadamente un rumor malintencionado o no, pero que no tiene ni un fundamento claro ni una fuente fidedigna. (4)

Su origen se encuentra en una rima frecuente entre los soldados durante la Guerra Civil Española que decía:

"Radio Macuto, mil paridas por minuto".

Frase con la que aludían a los rumores que los miembros de cada bando hacían circular para confundir o desmoralizar al enemigo. (5) El "macuto" era la mochila de los soldados pero la radio, por supuesto, era ficticia.

Notas:
(1) Buitrago, A. Diccionario de dichos y frases hechas.
(3) Díaz-Plaja, F. El País.
(4) Aula Fácil.
(5) Wiktionary.
Imagen: Blog Naver.







Dichos para una pandemia (3): curados de espanto, ¡que te den morcilla!

En la entrada anterior hablábamos de las terribles plagas que un vengativo Yahvé envió a los egipcios. Tampoco se libro su propio pueblo, los israelitas, de sufrir periódicamente toda clase de pestilencias y enfermedades con las que les castigaba por no ser fieles a sus mandamientos. Tan implacable e inexorable que hasta fue capaz de ahogar a su propia creación en un pavoroso   diluvio.

No se queda atrás el último libro del Nuevo Testamento llamado de las Revelaciones o Apocalipsis. En él se menciona a los misteriosos Cuatro Jinetes del Apocalipsis que representan una alegoría de las principales plagas que acechan al ser humano.

El primero, montando un caballo blanco, armado con arco y dispuesto a la victoria; el segundo, a lomos de un caballo color de fuego que siembra la guerra por donde va; el tercero, en caballo negro, representa la llegada de la hambruna, y el cuarto, sobre un caballo pálido, siembra la mortandad con la peste.

Todos ellos nos han visitado -y lo seguirán haciendo, me temo- una y otra vez a lo largo de la Historia. Sin embargo es el último el que hoy, en medio de una pandemia universal, nos inquieta y nos tiene sobrecogidos.

No seré yo quien juzgue si las profecías del Apocalipsis o del Juicio Final están a punto de cumplirse pues para ello «Doctores tiene la Santa Madre Iglesia que os sabrán responder», como afirma el Catecismo del Padre Astete, publicado en el siglo XVI.

Mi misión es mucho más modesta, pues tan solo quiero contribuir a que no nos volvamos más paranoicos de lo que estamos con el coronavirus y a que este periodo de tribulaciones nos sirva para comprender, razonar y aprender. Y hacerlo con los dichos o frases proverbiales que puedan tener alguna relación con éste y otros virus que lleva padeciendo la Humanidad.

Comenzaré diciendo que cuando todo esto termine -que terminará, como todo- y hayamos extraido las lecciones y enseñanzas que toda crísis nos enseña, quizás podremos decir que estaremos «curados de espanto».

Con ella queremos decir que prácticamente nada nos sorprende, a causa de la experiencia o de la costumbre. Que casi nada nos asusta, como si el asustarse fuera una enfermedad de la que ya nos hemos curado, una epidemia ante la que ya estamos inmunizados. (1)

Ojalá sea así pues hemos visto y aún nos quedan por ver muchas situaciones impresionantes, tremendas...muchos "espantos", nombre con el que los mejicanos llaman a una enfermedad en la que se pierde el alma debido a un gran susto o impresión. (2)

Otra expresión figurada y coloquial con una certeza casi absoluta de que alguna vez la hayamos utilizado o nos hayan dicho es «¡Que te den morcilla!». Utilizada cuando alguien nos ha importunado, molestado o sacado de nuestras casillas, es una forma de zanjar categórica y bruscamente la conversación y librarnos de esa persona. (3)

El dicho data de cuando la rabia o hidrofobia era una enfermedad muy común en las calles españolas ocasionando constantes epidemias transmitidas por los perros abandonados que abundaban en ellas. Las autoridades ordenaron que para cazarlos minimizando los riesgos para las personas se sembraran las calles con morcillas envenenadas con estrictina. Los perros las comían y morían en medio de un terrible sufrimiento ocasionado por este veneno, hoy prohibido.

Esta práctica duró hasta finales del siglo XIX cuando aparecen las perreras municipales y el oficio de "lacero", empleados públicos que cazaban con un lazo a los perros callejeros. (4)

Aunque en última instancia la frase podía significar en su origen "desear a otra persona que muriera como un perro rabioso" hoy su sentido se ha suavizado y solo sirve para desear que quien nos irrita sobremanera se vaya con viento fresco ya que despreciamos sus palabras o sus acciones. (5)

Notas:
(1) Buitrago, A. Diccionario de dichos y frases hechas.
(2) El Cartapacio de Gollum.
(3) Blogs 20minutos.
(4) Yorokobu.
(5) Doval, G. Del hecho al dicho.
Imagen de Gerd Altmann en Pixabay










  



Dichos para una pandemia (2): más malo que las siete plagas de Egipto, aciago, cuarentena

Desde tiempos ancestrales las culturas primitivas creían que los dioses infligían enfermedades cuando ciertos pueblos merecían un castigo. En los libros más antiguos del Antiguo Testamento un cruel Yahvé no vacila en lanzar sus plagas contra egipcios e israelitas.

Fueron diez las calamidades infligidas a los egipcios para vencer la obstinación del Faraón y obligarlo a permitir que los israelitas salieran de Egipto. Las tres primeras fueron sufridas por ambos pueblos: las aguas se convierten en sangre, la plaga de las ranas, la plaga de los piojos. Las restantes fueron dirigidas en exclusiva al pueblo egipcio: la plaga de las moscas, la peste sobre el ganado, la plaga de las úlceras, la plaga de la lluvia de fuego y granizo, la plaga de las langostas, la plaga de las tinieblas y el ángel exterminador de los primogénitos.

Para casi todas tiene hoy la ciencia una explicación más o menos fundada (1) pero el hecho de que aún se diga de algo o de alguien que «es más malo/peor que las siete plagas de Egipto» para indicar que una cosa o suceso es muy perjudicial o dañino o que es muy mala una persona muestran la vigencia de este dicho derivado del episodio bíblico.

Es más, todavía hablamos de días o de sucesos «aciagos», del latín aegyptiacus = egipcio, posiblemente en recuerdo de las plagas que Dios envió como castigo al pueblo de Egipto para que dejara salir a los judíos. Esta expresión comenzó a utilizarse en la Edad Media para referirse a ciertos días considerados infaustos, como el martes o el viernes, tradición que también tenían los romanos que denominaban así los días en los que había acontecido alguna desgracia. (2) 

Para ellos todos los males venían de Oriente, en particular de Egipto, lo que dio lugar a la expresión dies aegyptiacus —literalmente, 'día egipcio'— para referirse a una jornada especialmente infausta o azarosa. Esta expresión se deformó en latín vulgaraciacus, que se incorporó a nuestra lengua como aciago. (3) Hoy conserva todavía su matiz negativo.

El significado de «aciago», como hemos dicho más arriba, podría tener su origen en las plagas bíblicas de Egipto pero es incierto. Por ello hay que «ponerlo en cuarentena», es decir, ponerlo en duda, esperar un tiempo hasta comprobar su veracidad. (4) Ya sabemos que se llama «cuarentena» al espacio de tiempo, generalmente cuarenta días, durante el que permanecen aislados las personas y los animales que podrían padecer una enfermedad contagiosa

La acuñación del término "cuarentena" proviene de la Edad Media cuando la aparición de brotes epidémicos como la peste hicieron decidir a los médicos aislar a los afectados para evitar que contagiasen al resto de la población.

El hecho de que ese tiempo de aislamiento esté vinculado al número cuarenta no fue debido a motivos médicos sino religiosos. El número cuarenta está muy vinculado a los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento: cuarenta fueron los días que Moisés permaneció en el Monte Sinaí antes de descender con las Tablas de los Diez Mandamientos; cuarenta los años que los hebreos fueron castigados a vagar por el desierto y cuarenta los días con sus noches que Jesucristo pasó de ayuno en el desierto antes de ser tentado por el diablo.

Hay más ejemplos: cuarenta son los días de duración de la Cuaresma, periodo comprendido entre el final del Carnaval y el inicio de la Semana Santa.Y cuarenta días tuvo que esperar la Virgen María tras dar a luz a Jesús para presentarlo a los sacerdotes del Templo de Jerusalén

Así que debido a la alta religiosidad que se profesaba en el pasado, los médicos establecieron que ese era un buen número de cara al tiempo necesario para realizar un aislamiento preventivo.

En la actualidad, aunque seguimos utilizando el término "cuarentena", el periodo de aislamiento varía según la patología. (5) Esperemos por ello que no haya que llegar a los cuarenta días de confinamiento por la pandemia que padecemos pues aún vamos por los diecisiete y ya se nos hacen largos.


Notas:
(1) Lifeder.
(2) Celdrán, P. El Gran Libro de los Insultos.
(4) Buitrago, A. Diccionario de dichos y frases hechas.
Imagen de Markus Distelrath en Pixabay